Moral, Dignidad y Función Pública

Moral, Dignidad y Función Pública

En estos momentos de indignación colectiva vale preguntarse qué debemos entender por función pública y que es lo que se requiere para ser servidor público.

Una primera aproximación me lleva a recordar un pasaje bíblico, precisamente Marcos 9:35 que cita “Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y servidor de todos”, sublime explicación de la importancia de servir, de pensar en los demás y no en uno mismo.

Asimismo, una segunda aproximación nos lleva al artículo 39 de nuestra Constitución Política que establece que todos los funcionarios y trabajadores públicos están al servicio de la Nación; y, el inciso b) del artículo 2) de la Ley Marco del Empleo Público (Ley 28175) que regula como deber general del empleado público “supeditar el interés particular al interés común y a los deberes y obligaciones del servicio”, lo que, a la luz de los hechos, es un deber incumplido, lo que no se trata solo de hechos ilegales, sino inmorales (incompatibles con la ética).

Lo que resulta evidente es que, para un grupo de personas, a las que me resisto llamar servidores públicos, la moral no es parte de su integridad personal, ya que en sus actos han confirmado que prima el interés personal sobre el de los ciudadanos, aquellos que siguen esperando, presos del pánico y el terror, no seguir enterrando en soledad a los suyos, y que recibieron como una bala fulminante las noticias de hechos de cobardía y corrupción por parte de estos.

Debemos recordar que el numeral 2 del artículo 6) de la Ley del Código de Ética de la Función Pública establece que los servidores públicos deben actuar de acuerdo al principio de probidad, que significa que deben actuar con rectitud, honradez y honestidad, procurando satisfacer el interés general y desechando todo provecho o ventaja personal, obtenido por sí o por interpósita persona.

La moral debió ser el fundamento de su vida personal y profesional. Como lo expresó el filósofo francés Alaine en su obra “Cartas a Sergio Solmi sobre la filosofía de Kant”, la moral consiste en saberse espíritu, pues en la moral no hay otra cosa que el sentimiento de dignidad, esto significa que para saberse espíritu es necesario entender que hay deberes o prohibiciones que tenemos que imponernos a nosotros mismos, por ejemplos ser consientes que no es digno de nosotros el delinquir o aprovecharnos de nuestros cargos, porque no es digno de la formación que tuvimos en casa, de lo que somos y de lo que aspiramos ser.

Solo aquellas personas despreciables y de malos procederes se apartan de esa idea de probidad, de la consciencia de que nuestros actos pueden ser reprimidos por un concepto de dignidad nuestras y del que nos formaron, a esas personas se les llama miserables o canallas, que es lo que son.

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La revista especializada en derecho laboral más antigua del Perú. Fundada por Fernando Elías Mantero en mayo de 1975.