Cinco días de apagón digital en Sunafil: lo que aún no se explica

En distintos sectores empieza a crecer una preocupación legítima: la SUNAFIL cumple ya cinco días con una caída total de sus sistemas informáticos, sin una explicación técnica suficiente ni una línea de tiempo pública para su restablecimiento. Para una entidad que sostiene el sistema nacional de inspección del trabajo, un apagón de esta magnitud es excepcional y no puede normalizarse.

Durante este periodo, los inspectores no han podido registrar su ingreso, acceder a los sistemas institucionales ni utilizar las laptops y terminales asignados. Las instrucciones internas han sido tajantes: mantener todos los equipos apagados y desconectados. Al mismo tiempo, se ha solicitado el cambio de contraseñas institucionales, pero resulta contradictorio exigirlo cuando los propios equipos que deberían utilizarse para ello están bloqueados, apagados o prohibidos de usarse. La paralización alcanza incluso funciones básicas, lo que genera un nivel de incertidumbre que no se corresponde con la gestión transparente de un incidente de ciberseguridad.

Además, la institución ha informado que se trataría de un “ciberataque”, pero sin precisar qué ha ocurrido, qué ha quedado expuesto, qué información se ha visto comprometida, qué se ha perdido, o qué acciones concretas motivaron la casi paralización total de una entidad estatal clave. La ausencia de claridad alimenta la preocupación, pues en situaciones de ataque informático la comunicación técnica debe ser inmediata, precisa y verificable.

Este apagón no afecta únicamente a la entidad como estructura. Impacta directamente sobre actores con derechos e intereses en curso:

  • Los trabajadores de la SUNAFIL, impedidos de realizar funciones esenciales y sin herramientas operativas mínimas.
  • Los trabajadores del sector privado, que pueden presentar denuncias de manera presencial, pero sin que estas puedan ser procesadas, asignadas o tramitadas internamente debido a la caída del sistema.
  • Las empresas, que pueden presentar descargos presencialmente o a través del correo habilitado, pero que enfrentan la misma limitación: la documentación ingresada no puede ser distribuida ni derivada a las áreas correspondientes.
  • La ciudadanía, que depende de la capacidad del Estado para fiscalizar, verificar y garantizar el cumplimiento de la ley laboral.

La preocupación no es infundada: cuando un sistema institucional permanece varios días fuera de servicio, aumenta de manera natural el riesgo de que posteriormente se invoquen pérdidas de información, afectaciones en los registros o alteraciones involuntarias. Esa sola posibilidad, propia de cualquier interrupción prolongada en sistemas críticos, es suficiente para encender señales de alerta y exigir explicaciones más claras.

Una caída de esta magnitud tiene efectos concretos: paraliza la inspección a nivel nacional, suspende procedimientos activos, afecta derechos y obligaciones de ambas partes de la relación laboral y reduce la capacidad operativa del Estado en materia de fiscalización. Además, un periodo tan prolongado fuera de línea exige garantías verificables sobre la integridad de los datos institucionales, así como información clara sobre la magnitud real del incidente.

La SUNAFIL es una pieza clave dentro de la infraestructura pública del trabajo y, en un Estado que impulsa una política de gobierno digital basada en la transparencia, la seguridad de la información y la confianza en los servicios públicos, resulta imprescindible comunicar con precisión qué ocurrió, qué sistemas se vieron comprometidos, qué información está a salvo y qué medidas de mitigación se están ejecutando. La ciudadanía necesita certezas sobre la protección de los datos, la continuidad del servicio y la capacidad institucional de respuesta.

La confianza pública, que descansa en la transparencia y en la seguridad de la información, es un pilar esencial de la transformación digital del Estado y no puede ponerse en riesgo.

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Socio de Varela Bohórquez Abogados / Director de la Revista Actualidad Laboral / Director de la Unidad de Posgrado de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Martín de Porres.