La secundaria técnica y el futuro del trabajo

Uno de los problemas del trabajo en nuestro país se presenta antes incluso de que los jóvenes consigan su primer empleo, pues muchos terminan la educación secundaria sin contar con un oficio o una competencia técnica que puedan acreditar al momento de buscarlo. Quienes continúan inmediatamente estudios superiores tendrán la posibilidad de adquirir posteriormente una formación profesional o técnica, pero la situación es distinta para aquellos que, por diversas razones, deben incorporarse al mercado laboral apenas terminan el colegio.

El anuncio efectuado por el ministro de Educación, José Antonio Chang Escobedo, respecto de la denominada “Ruta Técnica” plantea una respuesta a este problema. Como parte del Plan Nacional de Educación 2026-2031, se propone que hacia 2031 los estudiantes culminen la educación secundaria con un oficio certificado que les permita incorporarse al mercado laboral, manteniendo la posibilidad de continuar posteriormente estudios técnicos o universitarios. La propuesta considera también el tránsito hacia los Centros de Educación Técnico-Productiva (CETPRO) y los institutos, así como mecanismos de formación dual con participación del sector productivo y programas vinculados con la demanda de cada región.

Durante mucho tiempo hemos entendido la educación secundaria principalmente como una etapa previa a los estudios superiores, cuando la realidad demuestra que no todos los jóvenes siguen inmediatamente ese camino y que una parte de ellos debe comenzar a trabajar al terminar el colegio sin experiencia y, muchas veces, sin una calificación específica que pueda presentar ante un empleador. El desempleo, la informalidad y las dificultades propias del primer empleo afectan particularmente a este grupo por diversas razones relacionadas con nuestra estructura productiva, la insuficiente generación de empleo formal y las propias características del mercado de trabajo, sin que corresponda atribuir estos problemas únicamente a la ausencia de formación técnica, aunque la preparación con la que un joven busca su primer trabajo sí constituye una de las variables sobre las que podemos actuar.

El Perú cuenta con información que permite aproximar la educación a las necesidades de las empresas a través de la Encuesta de Demanda Ocupacional (EDO), que realiza el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo para obtener información sobre la demanda futura de personal y los requerimientos de calificación de las empresas. La edición realizada en 2025, con proyección al 2026, permite conocer las ocupaciones que serán demandadas y las características de los trabajadores requeridos, información que debería ser utilizada al momento de definir la oferta de formación técnica. ⁠

Conocer qué trabajadores necesitarán las empresas y en qué actividades existen dificultades para encontrar personal calificado permite orientar mejor la formación que reciben los estudiantes y obliga, además, a considerar las diferencias productivas existentes dentro del país. Las necesidades laborales de una región con importante actividad minera son distintas de aquellas que pueden existir en zonas agrícolas, industriales, turísticas o comerciales, por lo que las especialidades impartidas en la secundaria técnica deberían guardar relación con la actividad productiva de cada región y ser revisadas conforme esas necesidades cambien.

La vinculación entre educación y demanda ocupacional no debería limitarse, sin embargo, a las necesidades inmediatas, sino proyectarse hacia el mediano y largo plazo mediante estudios de prospectiva laboral, pues estamos formando a jóvenes que permanecerán en el mercado de trabajo durante los próximos treinta o cuarenta años y no sería suficiente definir las especialidades únicamente a partir de las necesidades actuales de las empresas. El país necesita estudiar cómo puede cambiar su estructura productiva y qué competencias serán requeridas como consecuencia de la transformación tecnológica, la inteligencia artificial, la transición energética y el envejecimiento de la población.

Aunque no podemos saber con exactitud qué oficios existirán dentro de treinta años, sí podemos identificar tendencias y utilizarlas para orientar la formación. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe Aprendizaje permanente y competencias para el futuro, publicado en mayo de 2026, analiza los efectos de la digitalización y la inteligencia artificial, la transición ecológica y el cambio demográfico sobre la demanda de competencias, y sostiene que los trabajadores necesitarán perfiles más amplios que combinen competencias técnicas con otras capacidades que les permitan desenvolverse en un mercado de trabajo en transformación. ⁠

Hablar de transformación tecnológica no significa que el futuro del trabajo esté reservado a programadores o especialistas en inteligencia artificial, porque el cambio tecnológico alcanza también a las ocupaciones técnicas tradicionales y modificará la manera en que muchas de ellas se desarrollan. La electricidad, el mantenimiento de maquinaria y equipos, los sistemas automatizados, la construcción, la logística, la agroindustria, los servicios tecnológicos y las actividades técnicas vinculadas con la minería y la energía son áreas que deberán ser consideradas al planificar la formación, sin asumir que las competencias necesarias para desempeñarlas permanecerán inalteradas durante las próximas décadas.

Los cambios demográficios también deben formar parte de laa prospectiva laboral, pues la OIT estima que la demanda mundial de trabajadores de cuidados de larga duración necesarios para atender a personas de 65 años o más en situación de dependencia aumentaría de 85,2 millones en 2023 a 158.1 millones en 2050. La cifra muestra que, al pensar en las ocupaciones que serán necesarias durante las próximas décadas, no debemos considerar únicamente los cambios tecnológicos, sino también las transformaciones demográficas.

Tampoco tendría sentido elaborar hoy una lista de las profesiones del futuro y conservarla durante veinte años, porque la prospectiva laboral debe ser un proceso permanente en el que el Ministerio de Educación, el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, los sectores productivos, las empresas y las instituciones educativas revisen periódicamente la evolución de las ocupaciones y de las competencias requeridas. Un estudiante que termine el colegio en 2031 podría permanecer laboralmente activo hasta bien entrada la década de 2070, periodo durante el cual cambiarán la tecnología, las empresas y las formas de producir, de manera que el oficio aprendido a los diecisiete años puede darle una primera posibilidad de trabajar, pero difícilmente será suficiente durante toda su vida laboral.

La secundaria técnica debería proporcionar una competencia concreta que permita al joven trabajar al terminar el colegio y, al mismo tiempo, una base suficientemente sólida para continuar aprendiendo, considerando que la capacitación, la actualización y, cuando resulte necesario, la reconversión laboral tendrán una presencia cada vez mayor durante la vida de los trabajadores. Una formación con estas características permite también superar la antigua percepción de que tendría una categoría inferior a la universitaria, cuando el país necesita profesionales universitarios y técnicos calificados que, desde formaciones diferentes, respondan a las distintas necesidades de nuestra economía.

Aprender un oficio durante la secundaria tampoco impide continuar posteriormente una carrera. El artículo 89 del Reglamento de la Ley General de Educación, modificado por el Decreto Supremo N.º 004-2019-MINEDU, establece que los CETPRO desarrollan competencias laborales que respondan a las necesidades del sector productivo, especialmente del ámbito local y regional, y contempla su articulación con la educación básica y la educación superior tecnológica para facilitar la continuidad de la trayectoria formativa. De esta manera, el oficio aprendido durante la secundaria puede constituir también el inicio de una formación técnica posterior.

La formación técnica guarda también relación con la informalidad laboral, aunque tener un oficio certificado no convierte automáticamente un empleo informal en formal ni garantiza conseguir un puesto de trabajo, pues la informalidad tiene causas económicas, productivas y regulatorias mucho más complejas. Tampoco parece razonable, sin embargo, que la política de empleo comience a actuar recién cuando el trabajador ya ingresó a la informalidad, porque la educación y la capacitación influyen en las condiciones con las que una persona llega al mercado laboral y, para quien busca su primer empleo y todavía no puede exhibir experiencia, acreditar que sabe desarrollar una actividad concreta puede ampliar sus posibilidades.

Convertir la propuesta en una realidad nacional exigirá profesores preparados, talleres, equipamiento y especialidades vinculadas con las características productivas de cada zona, además de asegurar que las certificaciones tengan reconocimiento y que la formación recibida pueda continuar en los siguientes niveles educativos. La coordinación entre Educación y Trabajo será igualmente necesaria, pues la Encuesta de Demanda Ocupacional ofrece información para conocer las necesidades inmediatas de las empresas, mientras que una política educativa destinada a formar a quienes trabajarán durante las próximas décadas debería complementar ese instrumento con estudios permanentes de prospectiva laboral que permitan mirar más allá de la demanda del próximo año.

Desde hace algún tiempo hemos venido señalando, al analizar el empleo juvenil y la informalidad, la conveniencia de recuperar y fortalecer la secundaria técnica, por lo que consideramos positiva la propuesta anunciada por el ministro Chang y su incorporación dentro de las prioridades de la política educativa. Que un joven termine el colegio sabiendo desarrollar un oficio puede mejorar las condiciones en las que enfrenta su primera experiencia laboral, pero habrá que procurar también que aquello que aprenda responda a las necesidades productivas de su región, que pueda continuar su formación si así lo decide y que adquiera las capacidades necesarias para seguir aprendiendo a medida que el mercado de trabajo cambie.

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Revista Actualidad Laboral: La revista especializada en derecho laboral más antigua del Perú. Fundada por Fernando Elías Mantero en mayo de 1975.